La pintura después del postmodernismo       (Bélgica-USA)

J. Óscar Carrascosa.

Twitter: @J_OscarC

La transvanguardia, acatando las directrices implícitas posmodernas, ha ejercido con sus acciones culturales una voluntad de antimanifiesto, de negación de las convenciones anteriores, en parte muy en la línea de lo que Paz llamó la tradición de la ruptura; eso sí, ma non troppo.  Que esta actitud queramos considerarla un manifiesto en sí, replicado en cada una de las voces del coro de exhibiciones plásticas de los últimos años, como por ejemplo hace Ana María Guasch en su poliantea titulada Los manifiestos del arte posmoderno, tal vez no es más que asumir la concepción de manifiesto más como definición que como punto y aparte, aunque lo que se defina sea también una ruptura (al menos aparente). O tal vez este florilegio de textos críticos acertadamente seleccionados era más el vaticinio de una situación agónica que intentaba resurgir a partir de un curioso Rappel á l'ordre, que de hecho se da en un momento de las mismas vanguardias históricas, aunque luego abrió distintos caminos.  

El posmodernismo ha perdido fuerza por agotamiento, por aburrimiento incluso, tal vez porque había heredado un sentimiento de pérdida debilitado y del que ya se había exhibido toda la penitencia posible. De hecho, muchos de los textos de la antología a la que me he referido (comprendidos todos entre 1980 y 1995) coinciden en lo que se ha venido en los últimos años: la vuelta de la pintura a la pintura.

 

Para una parte significativa de la crítica esta vuelta a la pintura coincide con la tan anunciada muerte del posmodernismo. Se han oficiado diversos funerales y tal vez el más ceremonioso fue el celebrado en el Victoria & Albert Museum con su “Postmodernismo:

 Estilo y Subversión 1970-1990”, hace cinco años. ¿Y ahora qué? Pues ahora, dice Barbara Rose, Painting after postmodernism, un manifiesto en forma de exposición que postula la vuelta a la plenitud de la pintura como una de las grandes artes, la atención a su naturaleza tangible, la importancia del dibujo, así como la inclusión de nuevas técnicas y materiales en pos de esta meta que a la vez supone un nuevo punto de partida.

Painting after postmodernism (Belgium-USA) parte del cuestionamiento del eco de aquéllas palabras de Duchamp con  las que declaraba la muerte de la pintura, porque, como recuerda el discurso de esta exposición, Picasso, Miró, Matisse, o la escuela de Nueva York nunca la abandonaron. Durante los años sesenta y setenta se volvió a promulgar esta muerte: con una concepción de la pintura asociada a los gustos burgueses, se intentó demostrar su agotamiento y se primaron el arte conceptual, el vídeo, la técnica mixta y las instalaciones. La pintura, siguiendo los postulados de Greenberg's, debía quedar reducida a la impresión óptica y en ella no debían permitirse ni los contenidos metafóricos ni, aún menos, la presencia de lo figurativo. No faltaron quienes pocos años después rebatieron, con voluntad descriptiva, las manifestaciones posmodernistas. Entre ellos, Achille Bonito Oliva, Peter Burger o Frederick Jameson, que apuntaron conjuntamente a la presencia del pastiche en la estética del momento.


Bárbara Rose da por agotada esta época (el posmodernismo) ejemplificando este agotamiento en esa vuelta a la pintura a la que antes aludía. Con esta intención, la de proponer un manifiesto de los nuevos tiempos, el mecenas y filántropo Roberto Polo, junto a diversas instituciones gubernamentales belgas, ha promovido esta exposición que realmente es la incardinación de 16 muestras individuales de ocho artistas belgas y ocho norteamericanos, un total de 250 cuadros para defender que la pintura está más viva que nunca. Los espacios elegidos han sido el edificio Vanderborght y  The Underground de Cinéma Galeries de Bruselas. Los artistas americanos son: Walter Darby Bannard, Karen Gunderson, Martin Kline, Melissa Kretschmer, Louis Lane, Paul Manes, Ed Moses y Larry Poons. En cuanto los belgas: Mil Ceulemans, Joris Ghekiere, Bernard Gilbert, Marc Maet, Werner Mannaers, Xavier Noiret-Thomé, Bart Vandevijvere y Jan Vanriet.

La muestra, inaugurada el pasado 15 de septiembre, permanecerá abierta hasta el próximo 13 de noviembre.

 

Como podemos observar en esta nómina de artistas, en ningún momento se trata de presentar a jóvenes pintores que abocan por un nuevo arte, puesto que supondría justo el espíritu opuesto a esta exposición. Recordemos como, por ejemplo,  Larry Poons nació en 1937,  Walter Darby Bannard en 1934 o  Ed Moses en 1926. No se trata de un descubrimiento, sino de una superación: la pintura después del postmodernismo, agotado tras dar tanto de sí que provocó aquella frase de el nuevo arte se está quedando anticuado.

 

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Comments: 2
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